Se estrena documental “Tres instantes, un grito” sobre los indignados de Madrid, Nueva York y Santiago

Manos
Son pocos los documentos audiovisuales que pueden adentrarse en los recientes movimientos sociales de los indignados con la prolijidad y detalle que logra “Tres instantes, un grito”, de la cineasta chilena Cecilia Barriga y que se estrena de manera exclusiva este jueves 17 de octubre en el cine Arte Alameda, después de un exitoso paso por SANFIC 9.
Este documento de la historia reciente toma en serio la idea de lo universal y así su realizadora no se limita geográficamente para abordar con su cámara al fenómeno de los indignados en la capital española, la ciudad de Nueva York o Santiago de Chile. “Tres instantes, un grito”, se introduce entre las carpas y los ocupantes indignados en la Puerta del Sol, en Madrid, quienes buscan protestar frente a la crisis y abusos del poder político en su país. La cámara de Cecilia Barriga muestra rutinas y hábitos de los entusiastas protestantes y hace una valiosa panorámica general acerca de cómo se organizaron durante las cuatro semanas que la directora chilena estuvo entre ellos.
“Esta película nació desde el momento en que me manifesté el 15 de mayo de 2011 junto a miles de madrileños”,dice la directora, oriunda de Concepción y cuyos estudios de cine y TV los hizo en la Universidad Complutense de Madrid y quien, por lo demás, ha residido en Nueva York, La Habana, Berlín, Zürich y Concepción. “Ese día fui registrando lo que recuerdo que era como una gran fiesta de la indignación. Gritos, cánticos, batucadas, jóvenes, familias, discusiones políticas, amigos y miles de personas salimos a la calle para exigir una democracia real y participativa”.
Fue el inicio de “Tres instantes, un grito” y siguió durante un mes en Madrid, con el rodaje de miles de personas en el centro de la ciudad española, asambleas multitudinarias para discutir el futuro de España y la toma constante de una entusiasma masa humana dispuesta a llevar los cambios sociales de una manera pacífica.
“Cuando terminó la ocupación yo sabía que ya tenía una película que debía empezar a montar”, dice Cecilia Barriga. Pero no era el fin. Un par de meses más tarde comenzó el movimiento Occuppy Wall Street: la toma por parte de indignados neoyorquinos de Zuccotti Park, en pleno corazón del centro financiero de Manhattan. “He vivido varios años en Nueva York y la siento otra de mis ciudades favoritas. Partí para allá a grabar lo que estaba sucediendo”.
Y al otro lado del Atlántico, se encontró con una manera distinta de protestar. “El tono de la ocupación de Nueva York era muy diferente”, detalla la cineasta chilena. “Primaba mucho más la suma de individualidades que se expresaban espontáneamente. Los grupos de trabajo eran mucho más pequeños. Se utilizaba la música constantemente como una forma de expresión política. Lo que a veces provocaba la sensación de asistir a una performance musical donde resonaba el country, espiritual negro o la balada”.
Y tal vez la mayor diferencia con las protestas españolas es la prohibición del uso del megáfono en las calles neoyorquinas. La cámara de Barriga se detiene en esos pequeños grandes detalles y nos enseña cómo los indignados de Wall Street forman un megáfono humano: todos repiten las últimas frases que dice algún inspirado protestante. El mensaje crece con las voces de los demás.
La última parada de “Tres instantes, un grito” es el caso chileno, con las tomas de liceos emblemáticos por parte de estudiantes secundarios que reclamaron por una educación gratis y de calidad sin exclusiones. Aquí es cuando Cecilia Barriga pasa a través de las sillas incrustadas en las rejas de establecimientos tomados. “Atravesar esa especie de fortalezas de las sillas en las rejas de los últimos liceos que permanecían tomados (el Liceo Carmela Carvajal, Internado Nacional Barros Arana, Liceo Lastarria, Liceo 7, Instituto Nacional, Internado Nacional Femenino) fue un aterrizaje forzoso a la realidad política de un país en el que las cosas no eran tan fáciles ni tan amables como en los escenarios anteriores”, recuerda. “Este escenario le daría finalmente a la narrativa de la película un punto de giro fundamental. Chicas y chicos adolescentes chilenos se transformaban así en protagonistas de la historia humana que había detrás de todo una larga lucha”, detalla Barriga.